Para la tercera sesión cinematográfica, recurriremos a un clásico de la comedia, Billy Wilder, cuyo origen judeo-austriaco contribuye en no poca medida a subrayar el aire centroeuropeo de nuestro repaso fílmico a la segunda posguerra mundial.
En "Uno, dos, tres" asistimos a las peripecias de C.R. MacNamara, representante de Coca-Cola en Berlín occidental cuyos intentos de penetrar en el mercado soviético se ven frustrados por el encargo que recibe de su jefe, servir de cicerone de su hija Scarlett, de viaje por Europa, quien se enamorará de un joven comunista de Berlín oriental, lo que complicará las intenciones del protagonista a lo largo de una cómica sucesión de malentendidos que sirven al director para retratar ácidamente a quienes habían abandonado el totalitarismo nazi, -los berlineses occidentales-, y a quienes se incorporaban al totalitarismo bolchevique, -los berlineses orientales-, así como a las potencias en liza, Estados Unidos y la URSS.
Este filme será útil para que los alumnos reflexionen sobre asuntos como la reconstrucción alemana, el Plan Marshall o los contrastes entre el modo de vida que les tocó a los derrotados según su su suerte les hubiese ubicado geográficamente en un lugar u otro.
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